Iván Illich, ¿un visionario o un partidario de capitalizar la educación?
La búsqueda actual de nuevos embudos educacionales debe revertirse hacia la búsqueda de su antípoda institucional: tramas educacionales que aumenten la oportunidad para que cada cual transforme cada momento de su vida en un momento de aprendizaje, de compartir, de interesarse.
Quiero decir dos cosas:
- Lo subrayado en negrita en la cita es una actitud, una manera de enfrentar la vida, que naturalmente ha de ser transmitida por alguien más. No es algo inherente a las personas, por ello es que deben estimular nuestra curiosidad e inculcarnos esa manera de tomarnos todo como un aprendizaje. Si la escuela no existiese, tal y como querría Illich, se delega esa transmisión a una familia que puede que no la realice porque no encaje con su manera de ver la vida, por ejemplo. Entonces, al no haber un agente que garantice la transmisión de ese optimismo estaríamos arriesgándonos a que haya niños que no reciban la estimulación necesaria para alcanzar un adecuado desarrollo.
- Por otra parte, no todos tenemos el privilegio de vivir experiencias enriquecedoras y favorecedoras para nuestro aprendizaje. Esto produciría un aumento de las desigualdades según nuestro contexto familiar (la clase baja dejaría de tener las pocas posibilidades que tiene actualmente para ascender socialmente). Esto me lleva a pensar que el pensador no ha contemplado esta desigualdad, lo que puede significar dos cosas:
- Desconoce la situación por la desconexión con la realidad en la que vive desde su privilegio burgués.
- O bien conoce esta perspectiva pero no le incumbe lo suficiente. Algo que también refleja un privilegio burgués pero que de esta forma está promulgando dinámicas que legitiman e incrementan la desigualdad para el propio beneficio de su clase social.
La desventaja educacional no puede curarse apoyándose en una educación dentro de la escuela.
El hecho de que el capital cultural de las familias de los alumnos sea distinto no implica que debamos crear dos escuelas para así poder favorecer el desarrollo de manera desigual. Tampoco implica que la escuela sea una institución obsoleta incapaz de dar respuesta a este tipo de problemáticas.
También asume cosas que son ciertas pero aportando matices inciertos, tal y como ocurre en la siguiente cita:
El estudiante más pobre se quedará atrás en tanto dependa de la escuela para progresar o aprender.
Aunque es cierto que cuanto mayor sea tu dependencia a la escuela para aprender, mayor es tu pobreza. Pero, tristemente, así funcionan nuestras sociedades capitalistas, quien menos capital cultural tiene, más desfavorecido es. Por ello, el garantizar un mínimo de posibilidades de adquisición del mismo (en la escuela) posibilita la movilidad social y una futura menor dependencia a la escuela. Ya que, aunque suene paradójico, gracias a esta institución educativa puedes convertirte en autodidacta y explorar situaciones que te permitan aprender (esta es la actitud frente a la vida descrita anteriormente por el propio autor, pero debe ser transmitida por un agente exterior a los niños que no siempre puede ser la familia).
Los pobres no logran igualdad a partir de escuelas obligatorias pero la sola existencia de la escuela desanima al pobre y lo invalida para asir el control de su propio aprendizaje.
Los pobres no logran igualdad a partir de escuelas obligatorias por una cuestión del sistema de clases en el que vivimos. La escuela no tiene nada que ver en esta cuestión, ya que los pocos pobres que sí han logrado mejorar su situación socio-económica ha sido gracias a la misma. Gracias a la educación y a la posibilidad de acceder a ella sin importar sus recursos económicos.
Acerca de la segunda cuestión: invalidación del pobre para asir el control de su propio aprendizaje. Primeramente decir que ningún niño está listo para asumir el control de su propia educación, ya sea rico o pobre. Por lo que esta supuesta responsabilidad propia sobre el aprendizaje recae sobre las familias, y como ya he expuesto anteriormente, esto sería una fuente aún mayor a la ya existente. Por otra parte, aunque suene triste, una persona que se encuentra en un entorno vulnerable está mucho más limitada a la hora de vivir situaciones de aprendizaje valioso. No quiero que esto se confunda con una afirmación clasista, sino que se entienda como una exposición de la propia realidad. Ya que en un barrio en el que abundan las sustancias estupefacientes no se van a dar aprendizajes del mismo valor que en uno en el cual la rutina sea jugar al golf. De esta manera, el propio estudiante pobre al menos es consciente de la situación que vive, de su propia limitación. Lo cual no es algo por lo que deba sentirse mal sino una realidad que explica el porqué de muchas cosas (tales como el mayor rendimiento académico de su compañero que proviene de una clase social alta y que acude a clases de refuerzo con un profesor particular, por ejemplo).
Me parece muy dañino para la sociedad el ímpetu que el autor tiene para desacreditar los sistemas escolares públicos. Cuando de hecho estos son los que posibilitan una menor desigualdad en las oportunidades según la clase social de origen.
Además, su visión es muy limitada, ya que siempre parte del supuesto de que todas las familias le otorgan la misma importancia a la educación. El currículum, aunque no esté diseñado inocentemente y los contenidos elegidos respondan a ciertos intereses elitistas, sigue siendo de vital importancia para evitar quedarte fuera de la sociedad.
La escolarización obligatoria es la única manera de establecer unas bases mínimas a todos los individuos de la sociedad independientemente de cuál sea su familia. Es completamente necesario que este objetivo de desarrollo sea lo más común posible entre clases sociales, ya que es también la única manera de garantizar la posible movilidad social. Por lo que no considero que la escuela haga falsas promesas, tal y como sostiene Illich. Tener éxito académico no garantiza nada en la vida, claro está, pero el no tenerlo suele ser un indicador de tus limitaciones a la hora de mejorar tu posición social.
De todas formas, no estoy de acuerdo con la visión de que la escuela sirve para obtener un trabajo gracias al que puedas sustentarte y sobrevivir en este sistema. Personalmente abogo por una visión mucho más humanista, la de formar personas. Para que en su propio desarrollo encuentren su vocación laboral, pero que jamás se reduzca a la mera instrucción o formación para obtener un determinado empleo (o un empleo a secas, en el sentido genérico del término). Esto es algo que el autor omite, la visión del Estado (y de la sociedad en general) de la escuela. Que es básicamente la misma como formadora de trabajadores, más que de personas. Ya que en el capitalismo, las personas en su individualidad no importan en absoluto, lo verdaderamente relevante es su fuerza de trabajo. Personalmente creo que esta es la parte más irrelevante de nosotros mismos. La prueba está en que lo que define a un país como exitoso es la calidad de vida de sus habitantes, incluyendo su bienestar y felicidad (frente al PIB, por ejemplo). Estas dos cosas están fuertemente ligadas a la cotidianeidad de nuestras vidas. Y por desgracia para algunos, estas están profundamente marcadas por nuestra profesión, ya que suponen casi el 50% de nuestras vidas (si excluimos el tiempo que estamos durmiendo).
Aunque es cierto que lo anterior debería cambiar, ya que se ha demostrado que no es realmente necesario trabajar tantas horas para sustentar nuestros sistemas (en España hay un 10% de paro, mismamente). Sumado a que numerosas empresas concentran beneficios millonarios que se distribuyen entre un enano porcentaje de la población (el sector bancario es un ejemplo perfecto, cuyos beneficios son cada vez mayores a costa de la miseria de los más vulnerables).
Volviendo a la realidad tras fantasear con una concienciación social utópica (ya que las élites la impiden) que podría cambiar nuestro mercado laboral, es muy importante encontrar un trabajo que realmente te guste. Aquellos empleos que menos demanda tengan por su propia naturaleza inatractiva deberían estar premiados de otro modo, garantizando así su ocupación. Por ello es primordial el desarrollo de la persona antes que el del trabajador, ya que si se invierte el orden podríamos estar condenando la felicidad de nuestros alumnos.
En cuanto a eliminar la absurda discriminación actual en favor de una persona que aprende una destreza determinada con el mayor de los gastos del erario público o (...) que ha podido obtener un diploma que no tiene relación con ninguna habilidad o trabajo útiles.
Por una parte estoy de acuerdo con las afirmaciones anteriores, pero por otra me asalta la duda acerca de cómo elegir quién es más apto para un determinado puesto de trabajo, por ejemplo. Considero que este discurso debería conducirse hacia la posibilidad para todas las personas de dedicar años de su vida a estudiar su vocación. Ya que en un mundo en el que verdaderamente todos tuviéramos la oportunidad de estudiar para alcanzar nuestra profesión vocacional (una vez haya concluido la mayor parte de nuestro desarrollo personal) esos diplomas sí que tendrían valor. Ya que nacen de la propia decisión personal de dedicar tiempo de tu vida a alcanzar algo a lo que aspiras vocacionalmente.
Sin embargo, todo esto engloba una perspectiva utilitarista de la escuela. Como si su función fuera proporcionar habilidades útiles para el desempeño en el mercado laboral. Cuando en realidad su función debería ser humanista. Illich no diferencia entre la propia escuela y la instrucción superior enfocada en lo laboral. Lo que equivaldría a una actual Formación Profesional (FP).
Todo esto me recuerda mucho al sistema educativo alemán. Ya que allí la diferenciación entre itinerarios comienza mucho antes que en España. A los cortos 11 años ya puedes condicionar completamente tu carrera (académica y profesional) hacia un único rumbo que no te dejará explorar alternativas tales como la educación superior. Algo que solamente conlleva una infinita reproducción y perpetuación de las clases sociales en el ámbito educativo y que, por supuesto, dificulta mucho más la movilidad social. A continuación cito un artículo y una columna que respaldan mis argumentos:
| Artículo de ABC (2013) |
Aunque Illich abogue por una "desescolarización" de la sociedad, lo que más le agradaría del sistema educativo español serían, sin duda, las FPs. Ya que sí que las consideraría útiles para quienes las elijan y no demasiado costosas para el sistema (ya que son solo dos años en los que se incluyen meses de prácticas en los que el alumno desarrolla una actividad profesional, aportando al sistema). Además, también le agradaría su enfoque más práctico y mucho menos teórico, en el que los alumnos aprenden habilidades útiles de trabajo.
De todas formas, preferiría el sistema educativo alemán, ya que tiene una mayor fijación en lo que serían las FPs en España. Además de comenzar antes esta diferenciación.
El austríaco critica también que la escuela ni libera ni educa porque reserva la instrucción para aquellos pasos en el aprendizaje que se ajusten a unas medidas aprobadas de control social. Olvidándose de mencionar que las mismas medidas de control social a las que está sujeta dicha institución educativa son un mero reflejo de las que existen en la sociedad. Por lo que en este caso lo que tendría sentido como solución es liberar a la sociedad de estas medidas de control para posteriormente extrapolar los resultados a la escuela (aunque por la propia naturaleza de la escuela de replicar la sociedad, esta extrapolación sería progresiva a la vez que la sociedad cambia). El verdadero problema reside en que esto no es posible, ya que para una convivencia pacífica y un bienestar social debe haber unas reglas (sin meterme a comentar si algunas de las actuales deberían ser modificadas), garantizando de esta manera un bienestar común. Además, el lugar para la transmisión debe ser uno al que acudan todos los individuos: la escuela.
La legislación para prohibir la discriminación basada en una previa escolaridad es directamente inviable. Porque, ¿cómo contratarían personal en empleos en los que se requiere de la misma para una correcta realización del trabajo? Los médicos necesitan la adquisición de un amplio contenido teórico antes de ejercer, lo mismo ocurre con los arquitectos... El verdadero problema a solventar como sociedad es garantizar la posibilidad de estudiar de todo aquel que quiera hacerlo. Es decir, que nadie se quede sin acceder a los estudios de sus sueños por la imposibilidad de compatibilizarlos con actividades laborales de las que no pueden prescindir por responsabilidades económicas.
Me llama poderosamente la atención lo siguiente:
Es falso que la mayor parte del saber es el resultado de la enseñanza.
Básicamente está limitando el término enseñanza a que alguien te transmita un saber. Ya que, especialmente en niños, el aprendizaje vicario o por observación es el que más presente está. Un aprendizaje que también está presente en la propia escuela. Por lo que, la enseñanza no es siempre intencional. A veces, con ser simples modelos, también estamos enseñando. Las situaciones en las que mejor se aprende, como bien expone el autor, son en las de supervivencia o motivación. Esta última se da en la escuela, en mayor o menor medida, según el/la docente que te toque.
1. Las familias que dispongan de un capital acumulado mayor, podrán invertir más y mejor en la educación de sus hijos (por más que estos bonos se ajusten a las rentas). Es decir, seguiría existiendo un problema de desigualdad a la hora de educarse según la clase social de la que provengas. Además, esta desigualdad existente actualmente aumentaría considerablemente.
2. El hecho de delegar la responsabilidad de la educación en los propios alumnos o en sus familias es un peligro. Especialmente para los desfavorecidos, por los motivos que ya he expuesto anteriormente. Por otra parte, esta idea de que cada cual elija lo que le "convenga" refuerza que los pobres han de aprender cosas útiles que les posibiliten acceder a un puesto de trabajo, mientras que les quita esa carga a los niños de clases más altas (ya que ellos sí se pueden permitir invertir su tiempo en aprender cosas no tan útiles para su vida laboral, ya que no les urge en absoluto tenerla). Sería generar una desigualdad desde el momento en el que naces según tu familia de origen. Porque actualmente, por lo menos en la infancia (en países ricos), no hay tanta diferencia: todos los niños van al cole.
3. La educación pasaría a ser un bien de mercado con todas las pésimas consecuencias que esto implica. No solo porque la educación que la familia de un niño rico se puede permitir está a años luz de la que puede financiar una familia de clase baja. Sino porque la prioridad de las entidades que ofreciesen este "servicio" pasaría a ser la monetaria, disminuyendo considerablemente la calidad de la educación. Y por supuesto, dejando completamente de lado la importancia de la transmisión de las habilidades útiles, ya que el porcentaje de suspensos sería notablemente bajo. No por el éxito de este nuevo sistema sino porque nadie pagaría por suspender. Entonces aquellas escuelas o profesores/as que tengan un porcentaje más alto de suspensos entre sus matriculados estarían abocados al fracaso. La exigencia comenzaría a brillar por su ausencia.
4. El quién "impartiría" estas nuevas clases. Ya que según Illich puede ser cualquiera que tenga un conocimiento en las "habilidades de mayor demanda". Lo que me conduce a pensar que cualquier persona, en la necesidad, puede alegar que es competencial en un ámbito que desconoce profundamente y que es ajeno a su persona. Nadie vigilaría el contenido ni la validez de estos nuevos diplomas. Ya que no habría una entidad unificadora que permita o deniegue el permiso de transmitir dichas habilidades.
Adicionalmente, me parece muy valioso compartir este ensayo de Aina Tarabini (Universidad Autónoma de Barcelona). Porque aunque esté temporalizado en los tiempos del COVID-19, aborda muy bien la perspectiva sociológica de la escuela. Expone las desigualdades que existen entre los niños provenientes de familias con distinta clase social, pero a su vez, también expone cómo la escuela es una herramienta para la mitigación de las mismas.
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