¿Debería la educación privada existir?

Esta entrada la quiero dedicar a expresar una reflexión que me ha rondado la cabeza desde que me cambié desde un centro concertado a uno público en 4º de la ESO. Además, está estrechamente relacionada con mis ideas acerca de La sociedad desescolarizada de Iván Illich, que si te interesa, puedes consultar aquí

Es importante aclarar que únicamente conozco a fondo el sistema educativo español, por eso es que me voy a centrar en el mismo. Aunque existe la posibilidad de extrapolar mis ideas a otros sistemas educativos (principalmente a aquellos de países ricos), en este caso carece de sentido, ya que los desconozco y estaría muy limitada a la hora de formular argumentos sólidos. Por eso es que únicamente me voy a centrar en la educación pública, concertada y privada en España.

Considero que todos tenemos derecho a acceder a una educación de calidad, independientemente de la familia en la que nos haya tocado nacer. ¿Es esto injusto para aquellos que gozan del privilegio de haber sido afortunados y haber nacido en una familia en la que pueden permitirse invertir importantes sumas de dinero en la educación de sus hijos? De hecho es injusto para aquel que ha nacido en una familia desfavorecida que no dispone de los recursos que les gustaría poder invertir en la educación de sus hijos, de la misma manera que aquellos que sí disponen de dicho capital.

Remontándonos a la II República española, allá por el año 1931… La educación estaba mayoritariamente en manos de la Iglesia, algo que el nuevo gobierno laico aborrecía, por lo que se tomaron medidas al respecto. Aunque sea algo subjetivo, el hecho de apartar a los niños de la doctrina religiosa fue uno de los detonantes del gran descontento de la Iglesia y de los conservadores, que acabó teniendo aquel fatal desenlace en el verano del 36 y durante los años posteriores a la victoria de las tropas franquistas en la que se dio la depuración del magisterio. Aunque la situación educativa del país hace un siglo no parezca guardar ningún tipo de relación con el tema de la entrada, en verdad sí que la tiene. Ya que quiero poner el enfoque en la importancia que la sociedad le reconoce a la educación en dicha etapa histórica. Hasta el punto de ser uno de los motivos por los que iniciar una guerra.

Actualmente la educación pasa inadvertida, nadie le da ningún tipo de relevancia. Por ejemplificar, la actual huelga de educadoras de la etapa de educación infantil no está teniendo la suficiente relevancia a ninguno de los niveles: ni social ni mediático. 

Noticia de El Diario (07/05/2026)

Ocurre lo mismo con l@s profesores/as en la Comunidad Valenciana y en Cataluña:

Noticia de El País (15/05/2026)


Volviendo al tema de la entrada, quiero compartir esta investigación de Fabrizio Bernardi y Héctor Cebolla. En la que se evidencia la clase social de origen y el rendimiento escolar como predictores de las trayectorias educativas. Sin embargo también abordan conceptos tales como efectos de compensación. Básicamente son aquellas intervenciones que las familias de clase alta realizan para mejorar los resultados académicos (de sus hijos) cuando estos son alarmantemente bajos. Se refieren principalmente a las clases particulares o de refuerzo, que otras clases más bajas no se pueden permitir. 

Aunque comprendo el deseo general de los padres, que es otorgarles los mejores recursos posibles a sus hijos (para alcanzar el mayor desarrollo posible). También creo que al establecerse un currículum común que ha de cumplirse independientemente de la fuente de financiación del centro educativo, realmente no tiene mucho sentido la existencia de centros no públicos. Además, en el momento que la educación se convierte en un servicio financiado por el propio cliente (la familia), las bases neutrales de ésta, se debilitan. En principio, en la concertada y en la privada no se regalan notas, sino que al ofrecer una educación más personalizada (con un ratio menor de alumnos por clase, por ejemplo), naturalmente, el rendimiento académico de los estudiantes mejora. Sin embargo esta falacia se desmiente rápidamente con datos: 

Esto deja en evidencia, mediante un examen unitario, como en la concertada y en la privada se evalúa de una manera que el alumnado se beneficia enormemente. Además, a la hora de competir por una plaza en la universidad pública, las notas de Bachillerato (sujetas a distintos criterios de evaluación según el centro) cuentan más que el examen que ha sido igual para todos. Por lo que no vivimos en un sistema justo, ya que los alumnos de la pública compiten con desventaja. 

Adjunto también un artículo de Ser, que realiza un análisis exhaustivo de estos mismos datos, aportados por el Ministerio de Universidades. Evidenciando, de nuevo, como el sorpasso de sobresalientes de la concertada y privada es un mero trato favorable de las mismas a sus clientes. 

Por otra parte, los actuales partidarios de reducir al máximo el gasto público respecto a la educación, son aquellos que pueden permitirse una educación privada. Son conscientes de que la financiación actual es insuficiente, pero al no ser un servicio del que se beneficien, no les concierne. Prefieren que sea lo más precaria posible para que así sus hijos tengan mayores ventajas competitivas. Ya que ellos sí que pueden permitirse acudir a una institución en la que les proporcionen una educación digna. Sin embargo, si este tipo de educación fuera ilegalizada, no tendrían más remedio que acudir a la pública. De esta manera serían ellos mismos quienes reclamasen una mayor inversión en la misma, ya que no hay ninguna alternativa y en el fondo, conocen la gran importancia de la educación. 

Cabe mencionar que el hecho de que existan universidades privadas no es ningún tipo de libertad, tal y como nos quieren vender. En realidad es un reflejo del objetivo a alcanzar: un país (o mundo) en el que todo se pueda comprar. No es justo que un alumno que aspira a estudiar medicina no tenga otro remedio que sacar un 13,5 de 14 en selectividad, mientras que alguien adinerado pueda simplemente aprobar... Es algo profundamente injusto para aquel que debe ser excelente para cumplir su sueño. 

El hecho de mejorar las universidades públicas permitiría aumentar el número de plazas en todas las carreras. De esa manera, las notas de corte serían más bajas, y por tanto, más accesibles. Esta es la única manera de acercarnos cada vez más a una sociedad verdaderamente meritocrática. Ya que el único modo de alcanzar tu trabajo vocacional sería gracias a tu propio rendimiento académico, en vez de deberle dicho mérito a matrículas universitarias millonarias. 

La implantación de estas ideas es algo que veo verdaderamente imposible en España actualmente. No únicamente por la falta de voluntad política, sino por la forma de pensar genérica de la sociedad. Pero como futura docente, aspiro a aportar mi granito de arena para, poco a poco, ser una sociedad más consciente y justa. 

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