¿Qué estoy aprendiendo este año?

Aunque en principio iba a hacer esta entrada acerca de mis aprendizajes en la universidad, me he dado cuenta de que estos se están dando también gracias a experiencias fuera de ella. Sumado también a mi propia implicación personal.

Primeramente, creo que este año ha sido en el que verdaderamente he entendido la importancia de disfrutar el proceso o el camino hacia tus metas. Este aprendizaje se ha dado gracias a mi nuevo hobby: el gym. Aunque mi primera vez en un gimnasio fue en noviembre de 2025, ha sido este año cuando por fin me he apuntado. Tras tantear, me di cuenta de que realmente me gustaba. Me sentía mucho mejor al salir, después de haber hecho ejercicio. Este sentimiento era proporcional a lo duro que había entrenado ese día. Lo disfrutaba. Me lo pasaba muy bien. 

A día de hoy no soy ninguna experta del fitness ni nada por el estilo (tampoco aspiro a serlo). Pero me gusta que se haya convertido en parte de mi rutina. Me emociono cuando acaban las clases de la uni, pero porque sé que mi próxima parada es ir a hacer dominadas asistidas o levantar el doble de mi peso en hiptrust

Lo verdaderamente impresionante de esto es que si se lo cuentan a mi yo de hace un año, no se lo creería. Se reiría. No porque aborrezca el deporte, más bien lo contrario, simplemente no encontraba el sentido al hecho de estar entre cuatro paredes levantando cosas pesadas. Tiempo perdido. 

Sin embargo, con la entrada a la universidad, el horario que he tenido toda la vida: mañanas ocupadas y tardes libres, se ha invertido. Y no sabéis cuán raro es esto. Por una parte está muy bien: puedes dormir todo lo que quieras, ¡Adiós a madrugar! (agradecí esto especialmente porque siempre ha sido una de las cosas que más he odiado) pero... ¿Ahora qué hago por la mañana? Sinceramente, las solía perder. No hacía nada de provecho. Mi vida se resumía en: levantarme, comer antes de ir a la uni, volver a casa, cenar, dormir y vuelta a empezar. Ni siquiera estudiaba por la mañana, solo hacía tareas los días de antes de la entrega. 

Esto debía cambiar. No podía seguir así. Aquí es cuando entró el gimnasio. ¿Y si pruebo? Probé. Y me gustó, más de lo que debería incluso. Esta decisión no fue desde la inseguridad con mi propio cuerpo, sino más bien el factor de que debía buscarme un hobby que evitara que mi vida se redujera al simple hecho de ir a clase. El cual está muy bien pero que, para una persona ambiciosa como yo, no es suficiente. 

Además, cuando empecé en el gimnasio, yo misma noté como me faltaba fondo físico. De pequeña he hecho múltiples deportes: natación, volley, patinaje, baloncesto, fútbol, rugby... Pero a partir de una cierta edad empecé a aborrecerlos, pero no al propio deporte en sí, sino a lo que el deporte significaba. No quiero indagar demasiado en este asunto ya que es algo traumático para mi. Pero, resumidamente, me causaba rechazo el hecho de que cierta persona supiera que yo disfrutaba del mismo. Esto sumado a la falta de motivación y al poco tiempo disponible acabó con que dejase de lado toda actividad deportiva. Pero mírame ahora, años después, siendo una de las cosas que más me motiva. 

Paralelamente a este nuevo hobby, relacionado con él, empecé a tomar conciencia de la importancia de la comida. Empecé a interesarme por la composición de la misma, la importancia del equilibrio... En definitiva, gracias al gimnasio he empezado a comer mejor.

Pero el aprendizaje más valioso que me llevo es la importancia de disfrutar el proceso de construir el cuerpo de tus sueños (realmente no es mi caso, porque como bien he dicho, no es el motivo por el que comencé, pero sí que quiero desarrollar fuerza). El hecho de comer mejor pero igualmente disfrutar de la comida (en vez de alimentarte de alpiste de pájaro porque sea la dieta que te va a llevar a tu cuerpo ideal, por ejemplo). El entrenar porque te gusta la satisfacción que te produce haber batido tu récord de peso. O la sensación con la que abandonas el gym después de un buen entreno. Ya que si todo es sufrimiento y sacrificio para conseguir la meta, cuando llegues a la misma no te vas a sentir feliz ni satisfecho, vas a recordar por todo lo malo que has pasado. Pero no en el sentido de la superación, sino en el que te lleva a plantearte si verdaderamente ha merecido la pena. 

Desde que entreno y he tomado conciencia de mi alimentación he notado una mejora en mi bienestar. Principalmente mental. El cambio más notable ha sido que he vuelto a soñar. Llevaba años durmiendo completamente en negro (siendo los sueños menos frecuentes que mis reglas) y he pasado a soñar prácticamente todas las noches. Por lo que el cambio es algo totalmente objetivo. A nivel físico me siento mucho menos cansada y con más energía para afrontar los días (incluso con un déficit calórico, que he empezado a realizar porque mi nuevo objetivo es la reestructuración corporal).  

En conclusión, el gym está siendo parte del cambio vital que actualmente estoy atravesando. Cada vez disfruto más del momento y de mi día a día, que considero que es la clave de la felicidad.

Por otra parte, con la carrera estoy aprendiendo un montón. Además de temas que me resultan muy interesantes, ya que he tenido la suerte de encontrar mi vocación mucho antes que la mayoría. 

Pero, en ocasiones, esto es mera teoría que se queda atrapada entre las paredes de la facultad. Llego a extrapolarla gracias a otras experiencias tales como el voluntariado que he realizado en el Colegio Irlandesas Madrid, un centro concertado. Durante las clases de Psicología de la Educación, mi asignatura teórica favorita, de vez en cuando escucho frases que se me quedan grabadas (aunque esto me pasa en general, con todas mis asignaturas). Algo que me dejó profundamente marcada fue cuando en el voluntariado me encontraba con alumnos de 1º de la ESO, que me preguntaban explícitamente si el contenido de Matemáticas que estaban estudiando era realmente útil. Por suerte, el contenido eran las reglas de tres y las ecuaciones, por lo que pude contestar que sí de manera honesta. Esto mismo me resonaba en la cabeza e inmediatamente me acordé como en clase habíamos hablado de que:

"A partir de 5º de Primaria, se preguntan para qué sirve lo que les están contando sus profes. Si tú no eres capaz de dar respuesta a esa pregunta, estás desperdiciando ganas de aprender".

Aunque tenga la suficiente confianza en mis profesores como para creer que las cosas que nos explican son ciertas, el hecho de confirmarlo por mí misma creo que es una experiencia enriquecedora. 

En ocasiones, la teoría también me sirve para darme cuenta de mis propios errores. Por ejemplo, una vez, me encontraba en una clase de 6º de Primaria en la que una alumna de repente le gritó a otro: ¡Hijo de puta! (ya que se estaban peleando por el sitio). Y mi pésima reacción fue mirar hacia abajo con una sonrisa. Ya que soy consciente que el ver sonreír a una "figura de autoridad" ante un comportamiento, es reforzar el mismo. Por eso mismo para evitar que se me notase en exceso, miré hacia abajo, pero no pude contener mi sonrisa. Son errores que con el tiempo enmendaré, ya que me permito a mí misma excusarme con que aún soy inexperta y necesito experiencias para desarrollarme como profesional. 

Actualmente también me encuentro realizando un curso de Monitora de Ocio y Tiempo Libre. El día que tuvimos que presentarnos fue todo un motivo de orgullo para mi el poder decir que estudio el doble grado de Educación Primaria y Pedagogía en la Complutense. Por otra parte, muchas cosas que nos explican son cosas que a mi ya me suenan de clase. Puede parecer una tontería, pero a mí personalmente me emociona mucho el darme cuenta que cada vez soy más competencial en mi ámbito vocacional. 

Paralelamente, estoy aprendiendo un montón de juegos que, aunque están enfocados al ocio, pueden adaptarse a objetivos didácticos. Por lo que estoy completamente segura de que me será de utilidad a lo largo del desarrollo de mi carrera profesional. 

También estoy descubriendo nuevos estilos de música, tales como el flamenco o la electrónica. Porque aunque era consciente de su existencia, nunca me había interesado demasiado por los mismos. Ahora estoy en un momento de transición vital en el que me gusta explorar y experimentar nuevas cosas. Y aunque estar explorando estilos de música distintos de los que estoy habituada a escuchar, aparentemente, no tenga ninguna relación con el aprendizaje, en realidad me está enseñando varias cosas:

- Nunca es lo suficientemente tarde como para no poder empezar de nuevo. Es un loop infinito, puedes hacerlo todas las veces que quieras.

- Todas las experiencias que puedas llegar a vivir serán insuficientes así que aventúrate en las máximas posibles. Siempre será enriquecedor conocer cosas nuevas.

- No tienes porqué dejar atrás cosas para probar otras nuevas.  

- Nuevas perspectivas del mundo. Otras filosofías de vida.

- La gran influencia que tiene la música en tu vida. Ya que si siempre estás escuchando música triste, inevitablemente estarás más triste. Si el sexo es un tema central de las letras de las canciones que frecuentemente oyes, acabará adquiriendo también un papel central en tu vida. Por ello es que debemos ser selectivos también con la música. Ya que nos exponemos a mensajes que inevitablemente acaban influyendo en nuestras vidas, de una manera u otra.  

Finalmente, quiero decir que estoy atravesando una de las mejores etapas de mi vida. Muchas gracias a todos los que me acompañáis y a todos los que algún día lo hicisteis. Entre todos habéis contribuido a mi estado actual. Estoy disfrutando mucho la vida y pienso seguir haciéndolo junto a vosotros. Os quiero. 


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